El Presidente en su discurso del 21 de mayo anunció esperanzadoras propuestas para la Educación Física (EFI) y para el deporte del país. Las medidas a favor de la educación tienen que ver con el aumento de las horas mínimas de clases de EFI de 2 a 4 horas semanales y a la implementación de un “SIMCE” de EFI. En cuánto al deporte se comprometió a fomentarlo de tal manera que bajen los dramáticos índices de sedentarismo de la población y aprovecharlo como una valiosa herramienta educativa y formadora.
Aunque las anunció en momentos distintos de su discurso se observa una relación clara entre ambas ideas lo que hace aún más esperanzadora su oferta. Esperanzadora porque Chile parece se hubiese esforzado en hacer una separación entre deporte y educación, desvirtuando los conceptos educativos y formadores de la EFI y el deporte.
A los pocos días del discurso hemos sido testigos, a través de las cámaras del programa Contacto de TV 13, de innumerables malos ejemplos de conducta y de ignorancia de muchas autoridades del deporte nacional en perjuicio de los más destacados deportistas chilenos de alto rendimiento. Qué mejor muestra de este abismo que separa el deporte de la educación.
El programa periodístico deja muy claro el poco interés que el dirigente tiene por la persona del deportista, su foco no está en él sino que en su agenda propia, la que sin cuestionar sus intenciones, tiene objetivos distintos, generando conflictos, controversia y desmotivando la práctica deportiva en general, pues si éstas situaciones se pueden dar a nivel de las figuras más emblemáticas de nuestro deporte, nos podemos imaginar lo que debe estar ocurriendo con aquellos más jóvenes y menos talentosos.
La profesión de profesores de educación física (EFI) tiene que asumir parte de esta distorsión entre deporte y educación, somos precisamente nosotros los educadores físicos quienes tuvimos en nuestros patios y gimnasios a estos dirigentes, ¿qué aprendieron en nuestras clases de EFI y en los talleres deportivos mal llamados extraescolares? No somos responsables en su totalidad pues existen fuertes variables externas a nuestra área de desempeño, pero 12 años de EFI podrían ayudar a compensar los desequilibrios.
Se abre ahora una gran oportunidad si se concretan los conceptos entregados en el discurso presidencial de aumentar las horas de clases de educación física (EFI) y fomentar el deporte.
La prueba de evaluación de los niveles de habilidades y conocimientos de EFI que el Presidente propone como equivalente a la prueba Simce es un valioso instrumento para nosotros los profesores, pues así sabremos cuanto y que han aprendido nuestros alumnos. Me puedo equivocar, pero siguiendo lo que parece sería la línea de pensamiento del Presidente, no me extrañaría que decidiera ir contra todas las concepciones tradicionales que de EFI se tiene y nos presente una evaluación integral y no la tradicional medida de capacidades de rendimiento físico. Lo cual sería encomiable para la valorización de nuestra profesión.
Por el mejor desarrollo del país es necesario potenciar los recursos humanos, financieros, de infraestructura y equipamiento que ofrecen las instituciones educativas y las deportivas trabajando en común y con objetivos claros. La EFI tiene mucho que aportar no solo con las horas semanales de actividad física sino que a través del valioso recurso del movimiento y la cercanía del profesor con el alumno, todo para lograr un niño con mayor intelecto, mejor aprendizaje cognitivo y motriz (me duele hacer esta diferencia ya que todo aprendizaje conlleva movimiento), mejores habilidades sociales y fuertes hábitos valóricos que permanezcan en el tiempo. De otra forma ¿de qué servirá aumentar las horas de clase? También aporta infraestructura y espacios deportivos conducentes a un buen enlace para entrenamientos y competencias en los distintos deportes. Pero lo más valioso que el sistema escolar aporta son sus niños y jóvenes que no tendrían que desgastarse en traslados.
Si a esta base de soporte a la población escolar se le suman los programas de incentivo al deporte para los deportistas destacados, a los adultos y adultos mayores que el gobierno deberá generar para el cumplimiento de su meta, es posible que el Presidente logre la coherente relación educativa y formadora del deporte generando un cambio no sólo en los resultados deportivos sino que en el bienestar y calidad de vida de la población en general.